Iquique
Raíces en el norte de Chile
Manuel nació y creció en Iquique. En el Colegio Manuel Castro Ramos y luego en el Liceo Academia Iquique comenzó a desarrollar una curiosidad persistente por comprender cómo funcionan las cosas. Durante la enseñanza media integró la selección de básquetbol de su colegio. En las Olimpiadas Nacionales de Química obtuvo primero medalla de bronce y luego medalla de oro. Posteriormente representó a Chile en la Olimpiada Iberoamericana de Química, donde obtuvo mención honrosa. También fue reconocido como mejor alumno integral de su generación.
Ese vínculo temprano con la ciencia no quedó reducido a las notas: se convirtió en una forma de observar, preguntar y buscar explicaciones que todavía atraviesa su práctica médica.
27 de febrero de 2010
El viaje a Santiago
El día del gran terremoto de 2010 viajó desde el norte hacia Santiago para comenzar una etapa decisiva de su vida. Llegar a una ciudad remecida, precisamente cuando él también dejaba atrás su hogar y sus certezas, transformó aquella fecha en un hito imposible de olvidar.
En Santiago ingresó a estudiar Medicina en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue el comienzo de una formación exigente, pero también de una vida universitaria marcada por la participación, el liderazgo y la responsabilidad social.
Pontificia Universidad Católica de Chile
Ciencia, ética y vida universitaria
Sus estudios universitarios fueron financiados por la Beca de la Fundación Juan Pablo II, comunidad formativa que le entregó apoyo material, formación ética y espacios de servicio. Al finalizar ese camino fue distinguido con el reconocimiento a la Ética y Responsabilidad Intachable, un premio especialmente significativo para él porque valoraba no solo el rendimiento, sino también la manera de relacionarse y responder ante los demás.
En Medicina mantuvo una cercanía activa con la investigación. Participó en el Programa de Inmersión de Verano, llegó a presidir la Academia Científica de Estudiantes de Medicina y más tarde fue coautor de una publicación clínica. Paralelamente fue elegido Consejero Académico de la Escuela de Medicina, colaboró en actividades de orientación profesional para estudiantes y fue uno de los gestores de la Mesa de Estudiantes por la Salud UC, creada para discutir el sistema sanitario y acercar ese debate a la comunidad universitaria.
Hospitales de alta complejidad
La urgencia como escuela
Tras su formación universitaria trabajó en servicios de urgencia de grandes hospitales públicos, entre ellos el Hospital Sótero del Río y el Hospital de La Florida. Allí aprendió a decidir bajo presión, ordenar información incompleta y reconocer rápidamente aquello que podía cambiar el curso de una vida.
La experiencia también le mostró que la resolutividad clínica no depende solo de pedir más exámenes: requiere escuchar, integrar antecedentes y comprender el contexto de la persona que consulta.
Cinco años en cuidados intensivos
La UCI, la pandemia y una nueva perspectiva
Durante aproximadamente cinco años trabajó en una Unidad de Cuidados Intensivos, una etapa atravesada de manera profunda por la pandemia. La cercanía cotidiana con pacientes graves, familias separadas, decisiones difíciles y la experiencia de la muerte cambió radicalmente su manera de mirar la medicina y la vida.
Comprendió que prolongar la existencia y cuidar bien no siempre significan exactamente lo mismo; que la técnica necesita humanidad; y que cada decisión clínica ocurre dentro de una historia familiar, emocional y social. Esa experiencia fue decisiva para replantearse el ritmo con que vivía y el tipo de médico que quería ser.
Una búsqueda interior
Ciencia y espiritualidad, sin abandonar el juicio crítico
En paralelo inició una búsqueda espiritual amplia y personal. Se acercó nuevamente a la tradición cristiana y también a la meditación, los mantras y textos filosóficos y religiosos de Oriente y Occidente. No entiende este camino como una doctrina que deba imponerse a otros, sino como una práctica para cultivar silencio, compasión, discernimiento y sentido.
Esa búsqueda no reemplaza la ciencia ni forma parte de sus indicaciones médicas. Más bien le recuerda que detrás de cada síntoma existe una persona irrepetible, con temores, vínculos, esperanzas y una manera propia de entender su vida.
Parral y Retiro
Elegir el sur y construir una medicina cercana
Después de años de intensidad hospitalaria, su primer encuentro consciente con Parral fue inmediato y profundamente corporal. Al bajar del tren percibió otro ritmo: el aire, el silencio, el verde, los cielos amplios y la sensación de espacio que la vida en Santiago había ido dejando atrás. La hospitalidad de las familias locales y el contacto con el campo le mostraron una forma de vida más sencilla, cercana a la tierra y capaz de devolverle calma.
Durante el viaje de regreso comprendió que el sur no debía quedar solamente como un sueño. Había que construir un puente concreto hacia esa vida posible: ordenar prioridades, abrir oportunidades laborales y reunir el valor para cambiar. Menos de tres semanas después de conocer Parral decidió trasladarse para trabajar como médico. No lo vivió como una huida, sino como la elección consciente de un lugar más coherente con lo que valoraba: comunidad, naturaleza, continuidad y una relación menos impersonal con sus pacientes.
Su vínculo con Parral también tiene una dimensión familiar: su hermana se casó con un parralino. Ese lazo hizo que la ciudad pasara a formar parte no solo de su camino profesional, sino también de su historia personal y afectiva.
En el Maule encontró una oportunidad para recomenzar y desarrollar proyectos de largo plazo. La frase que dejó escrita entonces resume aquella experiencia: “Parral me habló. Y yo escuché.”
Con Retiro sintió desde el comienzo una conexión casi mágica y una nostalgia difícil de explicar. La percibía especialmente cerca de las cinco de la tarde, al terminar la jornada laboral, cuando el pueblo cambiaba de ritmo y la gente pasaba por los negocios a comprar algo para la once. En esa escena cotidiana reconoció una vida sencilla, cercana y comunitaria que deseaba conocer, respetar y de la que quería formar parte.
Retiro ocupa un lugar especial en ese proceso. Conocer activamente su historia, sus tradiciones y las necesidades de una población urbana y rural le permite adaptar la consulta al territorio. Su objetivo es combinar trato humano, razonamiento clínico profundo e integración tecnológica sin perder la sencillez ni la identidad local.
De esa convergencia nace también MamundaCare: un proyecto de soluciones digitales en salud que busca poner la tecnología al servicio del seguimiento, la continuidad y una atención más ordenada. Es, en muchos sentidos, la síntesis de su recorrido: ciencia, cuidado, memoria y futuro.